TENOSIQUE, Tab.– En la parroquia Cristo Crucificado de Tenosique, Juan Carlos Acevedo Aguilar, originario de El Salvador y Jesús Pérez, del Departamento de Valle, Honduras, hacen talacha limpiando su dormitorio y el patio de estancia, mientras preparan sus maletas para continuar su viaje migratorio rumbo a los Estados Unidos, uno y otro al Distrito Federal.

Acevedo Aguilar dice que su meta es llegar al país del norte, porque en El Salvador con la delincuencia que impera “está bien fregada la cosa. No hay trabajo; por eso vamos hacia allá, a ver qué dice el señor”.
Los cinco dólares diarios que ganaba Juan Carlos en trabajos de construcción cuando había empleo en la nación más pequeña de Centroamérica, sólo le alcanzaban para comprar una o dos cosas: una libra de arroz y sopa ‘magui’ de 40 centavos. No alcanza ni para comer durante el día, expresa el joven de 24 años y con tercer grado de primaria.
Cobrador de un ‘pique’ (transporte) en El Salvador, Juan Carlos dejó el trabajo porque la delincuencia es tan grande que a cada rato era asaltado y amenazado de muerte por los ‘maras’ y otras bandas delictivas.
“Las ‘maras’ en El Salvador queman las unidades a los transportistas, matan cobradores y motoristas. La autoridad los busca, pero son un ‘chingazal’ de ‘maras’ que hay. Está fregado allá”, expresa Juan Carlos.
Su poca preparación lo imposibilita a conseguir trabajo en su país de origen. “Me exigen tercer año de preparatoria. Un montón de cosas, pero como no estudié tuve que salir de mi país”, dice resignado, luego de caminar 70 kilómetros de El Ceibo a Tenosique.
Relata que “anoche habíamos como unos 20 ó 30 esperando el tren. Vi cuando venía el tren. Unos lo tomaron, otros rodaron por el suelo, los tiraba a un lado, y dije: ‘me va a matar’, y decidí no arriesgar. Me quedé parado”.
A sabiendas que lo pueden secuestrar o asaltar, comenta que insistirá en avanzar rumbo al ‘sueño americano’.
Juan Carlos fue socorrido en la casa parroquial por tres días; de ahí, dice, “seguiré, y primero Dios me deje llegar”.
Jesús Pérez, de 22 años, llegó de Honduras. Manifiesta: “la verdad que la situación económica en mi país está muy complicada. Ahora más con el ‘golpe de Estado’ conseguir trabajo, está más difícil y por eso salimos en busca de cómo superar la situación”.

Procedente del Departamento de Valle en el país centroamericano, asegura que después del ‘golpe de Estado’ y la expulsión del presidente Manuel Celaya, la situación se complicó. Las obras grandes se pararon. No hay empleo. Si las cosas estaban mal, ahora empeoraron, relata mientras mueve la escoba en la casa parroquial.
Jesús sólo piensa llegar al Distrito Federal y dice que en Honduras sus ingresos cuando había trabajo eran de 300 lempiras a la semana, con lo que solo sobrevivía.
Al salvadoreño Juan Carlos lo supera este hondureño, pues estudió cuarto grado de primaria. Es católico y cuenta con 26 años de edad. Está separado de su esposa, con quien procreó un hijo que dejó en Valle, Honduras, de donde salió hace 15 días. En autobús llegó a El Ceibo, para caminar un día y una noche hasta llegar a la ciudad de Tenosique. De aquí habrá de trasladarse a la capital mexicana, donde buscará empleo.


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